La Unidad Gola nos cuenta su Acampada de Halloween

¡Hola a todos los que nos leen!

Los pasados días 28, 29 y 30 de Octubre nos fuimos de acampada de Halloween, la cual celebramos en la casa de Coto Cuadros, después de casi tres años sin ir.

Nada más llegar, nos encerramos en la que bautizamos como la “esculti-cueva” a preparar todo lo necesario para la velada del día siguiente, una casa del terror, pero como somos los mejores, nos dio tiempo hasta de jugar al pin-pon con ojos.

Esa noche, a partir de las doce, contamos una historia de misterio y realizamos un conjuro para atraer lo que quisiéramos y librarnos de lo que nos sobrara, pero el desodorante nos lo tenemos que seguir echando.

Al día siguiente nos levantamos a las 6:30 de la mañana para realizar la ceremonia de aceptación de tres nuevas componentes de la esculta. A las 9:00 salimos de ruta, para ello nos dividimos en tres grupos, con tres de nosotros como guías. Fuimos hasta el pantano, para darle más emoción en vez de mapa utilizamos un rutómetro. Todos nos perdimos, solo que unos con más estilo que otros.

Esa tarde seguimos con la ambientación de la velada (la casa de Bloody Mari) que no se podía dejar preparada de antes. Sobre las 20:00 se clausuró la casa para empezar a preparar el túnel, el aseo, etc… Mientras, el resto estaba en el otro aseo maquillándose y preparándose para la velada, ajenos a la velada de terror que les esperaba al otro lado de la pared… Muajajajajajaja.

A la mañana siguiente, nos tocó limpiar todo el estropicio que la malvada y desordenada Mari tenía en su casa, de verdad, no puedes dejarla sola. Después de esto, empezamos con la funda de nuestra libreta, lo cual nos llevó tiempo, ya que la tela estaba dura y estábamos flojos de fuerzas para tirar de la aguja (que sí, que estábamos cansados, no nos daba pereza). Esa tarde sacamos a relucir nuestra neurona de niños pequeños y nos copiamos de la actividad de nuestra querida Tropa Yanktonai, una bolsa de lava, si, como lo de las lámparas pero en una bolsa, pero antes de irnos tuvimos que tirarlas, ya que perdían y estaban hechas con aceite, agua y pintura. Creo que fue la elección más sensata.

Al llegar a los locales, nos despedimos haciendo un par de danzas y cantamos la canción de la despedida, todos nos la sabíamos a medias, pero tenemos un gran poder de disimulo.

¡Nos vemos en la próxima entrada! Buena caza, largas lunas y un saludo de mano izquierda a todos

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